martes, 1 de abril de 2014

Yo, que soy un animal,

que no entiendo de nada, que todo me sale mal

te tuve 100 días dentro de mi cama, 

no te supe aprovechar.

Ando perdido pensando que estás sola

y pude haber sido tu abrigo.

Cuelgo de un hilo,

rebaño las sobras que aun quedan de tu cariño.

Yo, que me quiero aliviar escribiéndote un tema,

diciéndote la verdad,

cumplo condena por ese mal día haberte dejado marchar...

Yo, pienso en aquella tarde cuando me arrepentí de todo

daría, todo lo daría por estar contigo y no sentirme solo.

A ti, que te supo tan mal que yo me encariñara con esa facilidad,

que me emborrachara los días que tú no tenías que trabajar.

Era un domingo, llegaba después de tres días comiéndome el mundo,

y todo se acaba, dijiste mirándome... qué ya no estábamos juntos.

Y hasta el día de hoy, 

que se va a ir lejos,

no había caído en lo que una despedida

 puede llegar a doler.

En como voy a notar todo esto,

toda la mierda que se me venga encima

y no tener ese gran apoyo cerca

para que pueda ir y decirte:

''relájate, todo va a pasar.''

Parece simple, que todo el mundo puede decírtelo,

tranquilizarte y se acabó toda esa mierda...

Pero os aseguro que no, no hay nadie que lo haga como él.

No sé si era su voz... o el gesto de sus manos al decírmelo,

pero le hacía especial, y me hacía tranquilizarme, ¿sabéis?

poca gente logra tranquilizarme.

En estos momentos son en los que te llegas a dar cuenta

de lo injusta que es la vida en algunos aspectos,

por que claro, al gilipollas de tu clase vas a tenerle ahí,

todos los días, haciéndote las mañanas más pesadas de lo normal...

Pero en cambio una de las mejores personas que has podido

conocer en tu vida, se va, en menos de 24 horas...

Y tú no puedes hacer otra cosa que pensar ¿por qué tiene que pasar esto?

o simplemente, puedes iniciar una cuenta atrás...

una larga y dura,

cuenta atrás.